SÍNTOMAS

1.    Se pierde un tiempo enorme de cada sesión de clase en conseguir un mínimo de silencio y una actitud de trabajo, y en mantenerla a lo largo de cada sesión.

2.    Es imposible reaccionar ante cualquier situación de conflicto por grave que sea, si los responsables (equipo directivo y Administración) no cumplen ni hacen cumplir la normativa que establece el marco regulador de la convivencia en los centros, que es de obligado cumplimiento.

3.    La actitud de los alumnos conflictivos y el tiempo dedicado a su atención perjudica a quienes desean aprender, lo cual es una verdadera injusticia.

4.   La adquisición de conocimientos se ha ido desprestigiando gradualmente y esto impide a los alumnos alcanzar la capacitación adecuada para su futura vida laboral.

5.    Los profesores están menos valorados, no sólo por los alumnos sino por buena parte de las familias, a pesar de verse obligados a asumir sus funciones en muchos casos. No se reconoce la profesionalidad.

6.    Las decisiones del profesor son cuestionadas. Se deben justificar actitudes como la exigencia, la seriedad, el fomento del estudio. Justificarse continuamente ante la incomprensión general resulta frustrante.

7.    La no aplicación de las Normas de Conducta, recogidas en el Reglamento de Régimen Interno del centro producen indefensión tanto en alumnos como en profesores.

8.    La repercusión de estos conflictos en la salud obliga a veces a recurrir a bajas que distorsionan el funcionamiento del centro y perjudican al alumnado.

9.    Por todo esto, el estado anímico del profesorado es cada vez menos adecuado para hacer frente diariamente a la delicada tarea que ha emprendido por vocación.

Si padeces alguna de estas situaciones, no lo dudes, ponte en contacto con nosotros y te ayudaremos.